Artículo publicado en “Tribuna” de La Voz, 2 de agosto de 2011)
Del 11 al 15 de agosto (llamados Días en Diócesis) se van a llenar nuestras calles de jóvenes extranjeros, venidos de diversas partes del mundo, que se unirán después en Madrid a la Jornada Mundial de la Juventud para ver y escuchar al Papa. Cádiz va vivir unos días históricos y únicos, llenos de actividades religiosas, culturales y lúdicas organizadas por el Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil y Vocacional. (Todo el programa está en la web www.enredadios.com)
No cabe duda que supondrá un gran impacto promocional de la ciudad, de intercambio cultural, de convivencia internacional, de fraternidad y de enriquecimiento mutuo. Pero va a ser sobre todo una propuesta de un estilo de vida centrado en Cristo, ese Hombre-Dios que hace más de 2000 años cambió la historia del mundo y que sigue hoy transformando con su gracia personas y comunidades enteras. Esta propuesta a vivir según el Evangelio de Jesucristo proclamado por la Iglesia no va dirigido sólo a los creyentes convencidos, también es una invitación a los que aún tienen dudas, incluso es una llamada a los que ‘creen’ que no son creyentes. A todos, liberados de todo tipo de prejuicios, va dirigida esta invitación: venid y veréis, porque las ideas no se comprenden hasta que no se viven y se dejan de entender cuando se dejan de vivir.
La cuarta parte de los jóvenes extranjeros que nos visitan van a ser alojados en familias. Cádiz ha demostrado una vez más que es una ciudad abierta y generosa; muchas familias ya han ofrecido sus casas para alojar a estos jóvenes que nos visitan. Estas familias saben que van a vivir una experiencia que no olvidarán, establecerán lazos de amistad que duran toda la vida. Acogiendo en sus hogares a estos jóvenes experimentarán la cercanía de Cristo, se sentirán Iglesia Universal que acoge y que mediante esa ayuda son testimonio de la Presencia de Dios en el mundo. Van a demostrar, o tal vez descubrir, que la familia natural, fundada en el matrimonio, constituye un patrimonio de la humanidad que construye una sociedad sana, justa y libre. Por eso la familia es una institución a defender y potenciar porque, como dice Benedicto XVI, «El futuro de la humanidad se fragua en la familia».
La Diócesis de Cádiz y Ceuta sigue haciendo un llamamiento a las familias para que no pierdan esta oportunidad porque serán ellas las más beneficiadas de esta experiencia. Para algunas familias va a suponer reafirmarse en sus convicciones cristianas y para otras supondrá, tal vez el inicio de un acercamiento a Dios, dejando que Cristo reine en sus vidas y en sus hogares. Descubrirán que Jesucristo resucitado sigue presente en nuestros días, en medio del mundo. Que a Cristo lo podemos encontrar en los Sacramentos (especialmente en la Eucaristía y en la Penitencia). Que a Cristo lo podemos encontrar en la Palabra de Dios proclamada. Que Cristo sigue presente en las personas más necesitadas que esperan percibir el amor de Dios en su vida. Cuando la familia unida participa con alegría en la Eucaristía, es una familia arraigada en Cristo. Cuando la familia unida lee, contempla y reflexiona la Palabra de Dios, es una familia arraigada en Cristo. Cuando la familia unida acoge, ayuda y colabora con la acción caritativa de la Iglesia, es una familia arraigada en Cristo. No porque sea una familia perfecta o que tenga muchos y buenos valores, sino porque es una familia que se ha dejado transformar por Cristo y como consecuencia se convierte en transformadora de su entorno y de toda la sociedad.
Esta es la propuesta que la Iglesia Universal en la Diócesis de Cádiz y Ceuta ofrece a todas las personas, por eso del 11 al 15 de agosto merece la pena ofrecer el hogar para acoger a estos jóvenes extranjeros, porque puede suponer afianzar o descubrir un estilo de vida nuevo que transforma nuestra vida haciéndola más plena y más feliz. Por eso muchas familias ya se han ofrecido para acoger a jóvenes cristianos que vienen de países de todo el mundo, comprometiéndose a proporcionarles alojamiento y desayuno, porque saben que será una experiencia gratificante para toda la familia.
Es también una invitación a participar en las actividades propuestas para los Días en Diócesis. Son una oportunidad para descubrir la riqueza de la Iglesia local conociendo a fondo su historia y su cultura. En estos cinco días buscaremos el encuentro personal con Cristo que cambia la vida y la llena de alegría, especialmente en los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación. Experimentaremos la universalidad de la Iglesia Católica como comunión y descubriremos la llamada de Dios a ser miembros activos de la Iglesia responsables de la Nueva Evangelización. No tengáis miedo, venid y veréis.